miércoles, 7 de agosto de 2019

Violencia doméstica

La violencia parece un concepto tan amplio y extremo que cada vez que oímos hablar de él, se nos vienen a la cabeza brutales imágenes de peleas callejeras, armas y asesinatos. Pero la violencia en su estado más difundido está naturalizada y tomada como una emoción propia de los seres humanos, y muchas veces no tiene por qué ser física. En el ámbito doméstico, esta forma de violencia es desafortunadamente, bastate común. Se da mucho en una relación agresiva por parte principalmente de la persona con mayor jerarquía en el hogar. Normalmente, un individuo de mayor poder somete violentamente a los más vulnerables. Tal es el caso de la violencia machista y contra los niños por parte de (en lo general) un padre o esposo posesivo, intolerante y muchas veces con problemas relacionados al alcoholismo. Ejerce poder sobre una mujer probablemente sumisa y sobre niños vulnerados que afecta gravemente su calidad de vida.
En el caso de la violencia contra la mujer, son comunes las siguientes situaciones:
- El esposo se enoja porque la mujer no ha preparado comida.
- La mujer quema la cena y el marido se pone violento.
- La mujer no accede a hacer algo que la compromete integralmente y el esposo no lo tolera.
- La mujer se encuentra vestida con ropa corta o "provocativa", poco o muy maquillada, y el marido reacciona agresivo.
- La mujer tiene amigos hombres, y sale de la casa por actividades de ocio y el esposo es posesivo.
Y muchas otras situaciones que comprometen la integridad de la mujer en la casa. Éstas, suelen estar seguidas de etapas de disculpa, arrepentimiento y promesas, a las que la mujer (en su condición de sumisión) acata y cree para luego repetir el ciclo incansablemente. En casos donde la situación es llevada al extremo, la agresividad puede culminar con el asesinato de la mujer, conocido como femicidio.

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